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Cuando el problema no es técnico

Algo falla… Algo no funciona como quieres. Lunes, 8:00 h de la mañana, vas camino del trabajo y ya notas ansiedad, agobio… un nudo en el estómago que te viene acompañando desde hace tiempo… más tiempo del que te gustaría. Y es que la pieza laboral del puzle que es tu vida parece no encajar… Lo peor de todo es que no consigues deshacerte de esta sensación: te la llevas a casa con tus hijos, a cenar con tus amigos, a la clase de yoga y hasta a la pachanga de pádel de los jueves. En consecuencia, no vives la vida que quieres vivir, como la quieres vivir.

Eres el CEO de tu empresa, el Director o el propietario; quizás acabas de ascender, llevas años en el puesto o llegaste hace poco a la compañía. Sea como sea, cada vez tienes más claro que “así no”, “por aquí no es”. Pese a que afortunadamente aún hay trabajo, clientes, facturación, te das cuenta de que la empresa que has construido no funciona como debería ya que cada vez te cuesta más sostener el día a día interno.

En tus pasillos se respira un ambiente tenso, rancio. Notas que el agobio, el estrés y, en ocasiones, hasta la desgana, son ya generalizados. La queja y la negatividad parecen haberse instalado para quedarse. Puede que hayas tenido bajas entre tus trabajadores por estrés y ansiedad. Tú mismo hay días en los que te gustaría poder desaparecer. Detectas competitividad insana, silos departamentales que se traducen en duplicidad de esfuerzos, ineficiencias, conflictos internos y desalineación, entre otros.

Y tú quieres otra cosa. Pese a que la sociedad se empeña en hacernos creer que otro modelo de gestión no es posible, que esto «es lo que hay» y que lo normal es vivir estresado y agobiado llevando la inmediatez por bandera, tú no quieres esto, ni para ti ni para tu empresa, y mucho menos para tus trabajadores. No quieres que tu empresa funcione así, que sea así. No te planteas tirar la toalla, dejarlo, o quizás hay días que sí. Y te preguntas una y otra vez qué hacer, cómo hemos llegado a este punto y, sobre todo, ¿tendrá solución?

Tú, que apuntas a la excelencia, quieres llevar a tu organización a ser la primera del sector. Y no a cualquier precio, no de cualquier manera, para ti no todo vale. Llevas años generando beneficios, pero no es solo eso lo que quieres. Buscas sentido común, un crecimiento coherente, consciente y sostenible, y lo que es mejor, quieres disfrutar del camino. Al fin y al cabo, para eso te metiste en todo esto.

Sabes que tu empresa son tus colaboradores, uno a uno, sois todos. No crees en el “ordeno y mando”, hace años que aprendiste que no da buenos resultados, tienes claro que la competitividad y la desorganización restan. En su lugar buscas motivación auténtica, buen rollo en los pasillos, ganas, alegría, realización personal y profesional porque, al fin y al cabo, son lo mismo. Compromiso y confianza en ambos sentidos, empresa-trabajador y trabajador-empresa; porque las relaciones que funcionan son bidireccionales. Quieres que se vivan los colores, sentimiento real de pertenencia. Y es que eres muy consciente de que tienes excelentes trabajadores entre tus filas, profesionales como la copa de un pino, y lo que es más importante, son BUENA GENTE.

Pero claro, no sabes qué hacer. No sabes por dónde empezar. No entiendes cómo has llegado a este punto. Pero, te niegas a conformarte con esta  situación pues la resignación no entra en tus planes. Por eso has probado todo, o al menos eso crees. Has invertido en un CRM nuevo para que todo el papeleo sea más llevadero y así no haya discusiones entre departamentos; has modernizado las instalaciones: ahora las oficinas tienen un aire actual y crees que así los trabajadores se sienten mejor… hasta tienen unas mesas altas para que se reúnan de manera distendida; también el office es nuevo, el café es bueno y gratis. Hace unos años incluso les apuntaste a un curso de liderazgo y les invitaste a ver a Víctor Kuppers. Pones de tu parte. Inviertes en su bienestar. Pero no funciona, nada es suficiente. Siempre vuelves a la casilla de salida. Parece que la situación mejora, pero, a las 2 ó 3 semanas, vuelta a empezar. Y estás cansado, tremendamente desanimado y frustrado.

Llegados a este punto, he de decirte que no… No lo has probado todo. Me da, que te estás quedando en la superficie del problema. Tus acciones y decisiones son estupendas, incluso necesarias, pero no son suficientes. Porque un CRM nuevo puede agilizar el trabajo, pero eso no cambia el hecho de que tu mando intermedio no disponga de las herramientas personales internas para saber priorizar las urgencias que le llueven a su móvil sin parar. Las instalaciones nuevas, la mesa alta… maravillosas, porque efectivamente, el entorno es muy importante. Sin embargo, la mesa alta por sí sola no va a hacer que se reúnan. El café de grano gratis  es un puntazo, pero me temo que tampoco va a conseguir que se lleven bien entre ellos. El curso de liderazgo, un importantísimo primer paso, pero, ¿se están llevando a cabo las acciones acordadas en el mismo? Víctor Kuppers, excelente idea, pero, la información sin acción es nada.

Es decir, creo que te estás quedando en la superficie. Te lo explicaré con una metáfora fácil y simple. Imagina que tienes un manzano y quieres que dé manzanas rojas, de esas grandes y jugosas. De hecho, cuando lo compraste en el vivero, la etiqueta lo especificaba claramente. Pero, en tu caso, nada, no hay manera, cada año desde que lo plantaste con suerte recoges cuatro manzanas verdes y muy pequeñas.  De modo que has buscado en la IA. Dice que lo podes, así que inviertes tiempo en ello. En primavera también le aplicas un poco de insecticida bio que te ha recomendado tu vecino para que los gorriones no hagan de las suyas. Como tampoco funciona, has visto varios vídeos de Instagram donde parece que la solución es hacerle un esqueje. Al mes siguiente, lees que lo mejor es regarlo días alternos, preferiblemente al atardecer. También le echas un poquito de abono, que a tu prima le ha funcionado estupendamente… Pero, año tras año, nada, manzanas muy pequeñas, que no son ni rojas ni jugosas.

Hasta que un día viene a casa un amigo que te comenta que conoce a un tipo de un vivero que es estupendo y te da su teléfono. Lo llamas y vas a verlo. Sorpresa, resulta que el insecticida bio era para otro tipo de manzano; que regarlo en días alternos es buena idea, pero cuando las temperaturas son altas, no en noviembre; que el esqueje lo hiciste mal, la técnica que usaste es para cerezos; y el abono de tu prima estaba caducado. La consecuencia es que las raíces de tu manzano han empezado a pudrirse. Resulta que tu manzano tiene un enorme potencial, pero es una especie que necesita determinados cuidados que nada tenían que ver con lo que estabas haciendo.

Tras informarte con el tipo del vivero, te da cuatro claves concretas. Tú empiezas a aplicarlas de manera constante y al año siguiente, sorpresa, esta vez sí tienes tres manzanas rojas, y algunas de ellas son bastante grandes.

Esto es lo que puede estar ocurriendo en tu empresa. No has ido a la raíz del problema. No sabes qué le pasa exactamente a tu equipo. Por eso lo que haces no termina de funcionar. Porque estás regando cuando tal vez lo que necesita es menos agua, o al revés. Porque por más que te informas, en realidad, das palos de ciego. Y sí, el curso de liderazgo fue exclusivo para ellos, personalizado, pero a la hora de la verdad, en el día a día, tú mismo fuiste el primero que se olvidó de implementar las acciones acordadas. Por mucho que vayas al vivero, si no sigues los consejos del especialista, el árbol no consigue mostrar todo su potencial.

Y no quiero decir con todo esto que el responsable seas tú. No, nada más lejos de la realidad. Es sencillamente que nos hemos creído eso que nos han contado de que el caos y el estrés laboral es lo normal, y tú, que no te conformas, buscas otras vías. Pero, resulta que tu especialidad, de lo que realmente sabes, es de fabricar bolis o de vender sistemas de refrigeración. Eres buen líder, tienes carisma, pero con eso no basta para gestionar equipos. Tener “buena mano” con las plantas no te hace ser especialista en manzanos de hoja caduca. Ayuda, pero no es suficiente.

No se trata de hacer más. Ni de incorporar una herramienta nueva cada seis meses. Ni de confiar en que el tiempo, por sí solo, ordenará aquello que lleva años pidiendo ser mirado. Se trata de parar. Observar. Comprender qué está ocurriendo realmente dentro de tu organización. Porque habitualmente el problema no está en los procesos, ni siquiera en las personas, tampoco en la falta de medios ni en la carga de trabajo. Está en dinámicas invisibles que se han ido normalizando con el tiempo: roles difusos, conversaciones no mantenidas, liderazgo reactivo, falta de propósito compartido, urgencia normalizada… Todo esto solo empezará a transformarse cuando alguien se atreva a mirar más allá de la superficie.

Y ahí empieza el verdadero cambio: quizá la pregunta no sea qué más puedes hacer, sino que empieces a preguntarte qué necesita realmente tu equipo para desplegar todo su potencial. La verdadera transformación organizacional no empieza con una herramienta, una formación aislada o una mejora puntual. Empieza con un diagnóstico profundo. Con la capacidad de comprender qué está sosteniendo las dinámicas actuales, qué bloqueos se han normalizado y qué necesita realmente la organización para avanzar con coherencia.

Porque cuando entiendes la raíz, las decisiones dejan de ser parches y empiezan a convertirse en estrategia.